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Para Cantus, la grabación de este disco supuso una absoluta revelación. La primera gran sorpresa fue comprobar que el impresionante talento interpretativo de Juan Carlos Rivera, y sobre todo su escalofriante seguridad técnica, permitían que con apenas unas pocas repeticiones la obra quedara perfectamente lista y terminada para el disco. Además, el sonido que extraía del instrumento era precisamente el que todos habíamos imaginado en una vihuela, pero que casi nunca encontrábamos en disco, ya que los intérpretes actuales tienden o bien a exagerarlo (por medios electrónicos), haciéndolo grave y pesado, o bien a aligerarlo en demasía. El sonido de Juan Carlos Rivera es fiel reflejo de la naturaleza de la vihuela: un instrumento ligero, sí, pero con graves cálidos y bellos, y con agudos con nervio pero sin perder la claridad. Estamos seguros de que, en este sentido, este disco será un hermoso descubrimiento. Las piezas incluidas están entre las más bellas del repertorio vihuelístico: desde el Guardame las Vacas o la Canción del Emperador, de Narváez , a la Romanesca de Mudarra, las "Doce diferencias sobre Bacas" de Páez , algunos de los más intensos sonetos de Valderrábano, extasiante fantasías de Milán o, por primera vez en disco, una selección de seis recercate de Francesco da Milano: la vihuela no sólo se empleó en España, sino también en Italia, y la interpretación que Rivera hace de estas piezas italianas revela por qué la fama del instrumento se extendió tan formidablemente en su época. C 9631 Taņer de gala |