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C 9635 FRYDERYK CHOPIN: 24 ÉTUDES opp. 10 & 25 [9,99 Euros]

Este disco supone el primer intento de conseguir restaurar el sonido de los estudios de Chopin tal y como los concibió su compositor

Este disco supone el primer intento de conseguir restaurar el sonido de los estudios de Chopin tal y como los concibió su compositor: no sólo por la utilización de un formidable piano Peyel de 1839, sino porque el intérprete, Gianmaria Bonino, es un músico que conoce profundamente el lenguaje chopiniano y por extensión el lenguaje de la música para teclado de la época. Si a ello le añadimos una toma de sonido extraordinariamente clara, transparente y cercana, que lo que intenta es que el oyente pueda escuchar el instrumento casi como el propio intérprete, seguramente sí podremos considerar que este disco es, hoy por hoy, absolutamente único.

En los años 70 empezaron a publicarse en todo el mundo los primeros discos de música barroca interpretada con clave. Al principio, ni la crítica ni los melómanos los aceptaron porque el clave era un instrumento tan antiguo que sonaba demasiado “nuevo”, su sonido se comparaba erróneamente al del piano y hasta pasados unos años no llegó a asimilarse que para recuperar la esencia del lenguaje de la música barroca era definitivo recuperar la técnica interpretativa y la sonoridad del clave. Hoy en día los aficionados a la música antigua tienen en sus casas cientos de grabaciones de clave interpretadas no sólo por nombres legendarios del instrumento como Gustav Leonhardt, Kenneth Gilbert, Ton Koopman, Trevor Pinnock o Scott Ross, sino que además aprecian y disfrutan también con los registros de los nuevos clavecinistas de la generación más joven, que han aportado una nueva visión del repertorio clavecinístico en el que su aúnan técnica, conocimiento estilístico y capacidad expresiva de una manera totalmente natural.

La utilización de pianos de época en la interpretación de música preclásica, clásica y romántica no es realmente nueva ni en disco ni en concierto, pero su penetración no ha sido tan importante como la de la utilización del clave en la música barroca. Las grabaciones pioneras de Paul Badura-Skoda  o Jörg Demus adolecían a veces de un sonido demasiado pobre, y también de la utilización de algunos instrumentos cuya sonoridad y características musicales no eran tan interesantes. Vinieron más tarde, a finales de los 80, algunas integrales grabadas con fortepiano como las de los conciertos de Mozart (Bilson/Gardiner), Beethoven (Tan/Norrington, Lubin/Hogwood, Levin/Gardiner) y Badura-Skoda, Melvyn Tan o el propio Malcolm Bilson empezaron a generalizar la interpretación de las sonatas de Beethoven, Mozart o Schubert con instrumentos de época.

Hoy en día, a esos nombres casi legendarios se han unido los de otros muchos artistas, algunos veteranos y otros muy jóvenes, y la cantidad de grabaciones realizadas con fortepianos y pianos de época es ya enorme y cubre repertorios que van desde el primer periodo preclásico, con Carl Philipp y Johann Christian Bach, pasan por Mozart y Haydn y otros muchos compositores de la época menos conocidos como Dussek, llegan sin problemas a Beethoven o Schubert y hasta se adentran en Mendelssohn y el propio Chopin. Y en algunos casos también Satie o Ravel han sido grabados con instrumentos de su época.

Entonces, si ya hoy en día el uso del fortepiano y el piano de época está tan generalizado en el mundo del disco (algo menos en el del concierto, hay muchos menos fortepianos y painos de época disponibles y el artista a veces ha de verse obligado a viajar con su propio instrumento si quiere estar seguro de que tendrá a su disposición un instrumento adecuado al repertorio escogido y a la sonoridad de la sala), ¿por qué este disco de Estudios de Chopin nos parece tan revolucionario? Las interpretaciones de música de Chopin con piano de época todavía están su “infancia”. En algunos casos los intérpretes que han grabado Chopin con piano de época son en realidad pianistas modernos que han usado de manera excepcional un instrumento antiguo, y su técnica es moderna, no llegan a extraer del instrumento usado todo el potencial expresivo, no saben jugar con las dinámicas del instrumento, con su capacidad poética, con sus infinitos colores. Además, en demasiadas ocasiones el piano de época se ha grabado en tomas muy lejanas, de manera que su sonido lleno de matices, aterciopelado, capaz de “cantar” de manera transparente incluso en los pasajes más rápidos, queda demasiado diluído, grisáceo, sin todos los plenos y bellos colores de los mejores instrumentos de entonces.

La utilización del Pleyel de 1839 que se escogió para esta grabación, un instrumento de una calidad técnica y musical inigualadas, será una revelación para los más exigentes melómanos, y para los amantes de la música del polaco, porque nos presentará un Chopin totalmente diferente. Gianmaria Bonino, además, es un intérprete que no sólo conoce bien las características técnicas de los pianos de época, ya que él mismo es un importante coleccionista de estos instrumentos, sino que además conoce a la perfección el lenguaje musical chopiniano, tan íntimamente ligado a las posibilidades de estos instrumentos en concreto. El resultado es que lo que llega hasta nosotros es un Chopin completamente despojado de los vicios de la interpretación moderna, demasiado homogénea y preocupada por el mero virtuosismo externo. En su lugar, escucharemos cómo Gianmaria Bonino le da a cada nota su significado preciso, su sentido justo, su grado de expresión adecuado. Los tiempos están bellamente juzgados, veloces cuando han de serlo, pero sin caer en la precipitación ni en la exhibición cronométrica, y las páginas más lentas se desgranan con una emotividad y una carga poética inusitadas. Es, pues, un Chopin para volver a disfrutar y para redescubrir, para dejarse llevar por la preciosa sonoridad que Bonino extrae a este instrumento único, con unos agudos claros y penetrantes, unos medios poderosos y llenos de colores, y unos bajos sensuales, aterciopelados, pero aun vigorosos. Un disco para escuchar y amar.

   

Artista

  • Gianmaria Bonino, fortepiano Pleyel del año 1839 (colección privada)

Otros datos del disco y la grabación

Duración total 73:10

Libreto en preparación

Grabado en Milán, Italia, en mayo de 2010

Sonido, edición digital y producción Davide Ferro

Producción ejecutiva Gianmaria Bonino y José Carlos Cabello

Portada Henri Lehmann, “Retrato de Marie, condesa d’Agoult”, 1843. Musée Carnavalet, Paris

 

 

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    Chopin Ètude op. 10 no. 5
    Chopin Ètude op. 25 no. 8
    Chopin Ètude op. 25 no. 9

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