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C 9661/2 FANDANGOS: EL QUADERNO DE DON CARLOS [11,99 Euros]

Charles Cecil Roberts (1759-1799) fue un aristócrata y viajero inglés que al parecer llegó a madrid por vez primera para asistir a la boda del 5º Duque de Berwick, el […]
Charles Cecil Roberts (1759-1799) fue un aristócrata y viajero inglés que al parecer llegó a madrid por vez primera para asistir a la boda del 5º Duque de Berwick, el jovencísimo Don Jacobo Fitz-James Stuart, celebrada el 24 de enero de 1790 en Madrid. Se instaló precisamente en el Palacio del Duque de Berwick, hoy más conocido como Palacio de Liria (propiedad de la Casa de Alba), y por tanto muy cerca del Monasterio de Montserrat en Madrid, el llamado cariñosamente Montserratico, donde conoció personalmente al monje Felipe Rodríguez (1760-1815), a quien Cantus ya dedicó un maravilloso disco (C 9622: Rodríguez: Fortepiano works), madrileño de nacimiento pero educado musicalmente en el Monasterio de Montserrat (Barcelona).

Esta zona de Madrid se encuentra a corta distancia del centro histórico, y el alojamiento ofrecido a Roberts le permitiría estar en contacto directo con la corte y visitar la ciudad de manera más anónima. Además, podía escuchar excelente música para teclado en dos instituciones religiosas a unos pocos metros de su residencia: el ya mencionado Montserratico, y la bellísima Iglesia de las Comendadoras de Santiago, con su excelente órgano construído por Pedro Manuel Liborna Echeverría en 1725, y que aún conserva en perfecto estado su mecanismo de fuelle, sin alimentación mecánica. De esta iglesia dice Roberts que tenía «un bello órgano que suena muy distinto a los instrumentos ingleses, algo que aquí es común en todas las iglesias y capillas que he visitado». Se refiere sin duda a las especiales características de los órganos ibéricos y más concretamente de los de la familia Liborna Echeverría (maestros organeros de Felipe V), generalmente de un teclado, con base de ocho pies, octava corta y el tradicional registro partido español.

Desconocemos si Roberts llegó a convertirse en figura de mucha relevancia en el círculo de influencia de la corte madrileña, pero es evidente que su alto nivel económico le colocaba entre las más exclusivas compañías, y de ellas la del Duque de Berwick no era la menor, desde luego. De hecho, el excelente cuadro que le hizo en Roma el conocido retratista Pompeo Batoni en 1778 (en la portada de nuestro disco) podía encontrarse todavía en las habitaciones del Infante Don Carlos en el Palacio Real de Madrid en fecha tan tardía como 1814. Por cierto, también recientemente se ha descubierto, gracias a José María Luzón, ex-director del Museo del Prado, donde la obra se expone hoy en día, que este cuadro llegó a España en 1778, cuando la fragata británica Westmorland, procedente de Italia con un extraordinario cargamento de obras de arte compradas por el propio Roberts y otros nobles que habían hecho el Grand Tour, fue interceptado por barcos franceses que a su vez lo llevaron al puerto de Málaga. Poco después, el rey Carlos III decidió quedarse con su precioso contenido, ofreciendo la asombrosa suma de 300.000 reales de plata por él.

En todo caso, para nosotros la importancia de Roberts viene dada por sus anotaciones sobre la música para teclado que pudo escuchar en Madrid, y también por sus detalladas descripciones de sus visitas a la Iglesia de las Comendadoras y especialmente al Montserratico, donde durante algunas mañanas escuchó a «P. Rodrigues [sic], que es un excelente intérprete de órgano y un músico capaz de muchas sutilezas».

Aunque sabemos que Charles Cecil Roberts llegó a acumular grandes cantidades de partituras compradas durante su Grand Tour, y también posteriormente, en sus posesiones conservadas no hay ejemplos de la música española para tecla que le impresionó en Madrid. Pero en los fragmentos de su diario conservados (su Quaderno de Liria) hay frecuentes comentarios admirativos hacia la obra de los tres grandes maestros del XVIII en España: Don Domingo Escarlata (Domenico Scarlatti), el Padre Antonio Soler (proveniente de Montserrat, como el Padre Rodríguez, quien hizo escuchar las obras del catalán a Roberts por vez primera) y Don Luis Boquerini (Luigi Boccherini). Aunque estéticamente Rodríguez y su obra miraban más hacia el universo de Haydn, y Roberts se complacía en escuchar la música de estilo más clásico vienés, tan favorecida en España, cuya estructura, lenguaje y armonía distaban mucho del estilo barroco, en las reuniones privadas y en los conciertos de cámara de la nobleza madrileña todavía se interpretaba la música de las generaciones anteriores.

En una carta con fecha de junio de 1794 Roberts anuncia su vuelta a Inglaterra, hecho quizá relacionado con la muerte de su amigo y protector en Madrid poco antes, puesto que el Duque de Berwick falleció el 3 de abril de 1794.

Entre las preferencias de Charles Cecil Roberts se encontraba el Fandango de Soler (cuya atribución final sigue siendo contestada hoy en día por muchos musicólogos), una obra que le provocaba fascinación y una “alegría indescriptible”, y que fue el primero de los 3 fandangos que se proponen en la grabación de este proyecto que conoció. No fue a través del Padre Rodríguez, sino a través de un clavecinista y fortepianista cercano a Jacobo Fitz-James Stuart, llamado Antonio Calero, que lo interpretó con tal “fuego y precisión” que Roberts consideró que esa música ayudaba a “ahuyentar los males presagios, poner luz en la oscuridad y convertir el agua en vino”.

Yago Mahúgo nos presenta en su versión una sorpresa un tanto peculiar: aprovecha el “final no resuelto” de la obra para utilizar una pieza que no está conectada directamente con el Fandango, el Preludio nº 1 de su obra teórica La llave de la modulación… pero la sitúa como postludio. El resultado es maravilloso.

Parecidas milagrosas características atribuyó al Fandango de Don Domingo Escarlata, que conoció a través del hijo de Calero, Juan Calero, y también al otro fandango que Luigi Boccherini compuso como parte de su Quintettino para dos violines, viola y dos cellos (op. 40 no. 2) en abril de 1788. Roberts lo escuchó interpretado en una reunión musical en Liria casi cinco años después, en febrero de 1793, en su versión original. Nosotros presentamos en este proyecto la primera grabación mundial de una transcripción para clave solista de esta pieza imitando il fandango che suona sulla chitarra in padre Basilio.

Pero no sólo de fandangos vive el hombre, y Roberts también tiene palabras de admiración hacia obras más tranquilas, todas ellas sonatas en la tonalidad de re menor, de los mismos tres maestros. Entre ellas, la maravillosa y melancólica Sonata 115 de Soler , que Rodríguez le descubrió interpretada al órgano del Montserratico, las sonatas K. 32 y K. 34 de Scarlatti, “nobles y elegantes” o la punzante Sonata K. 213 del mismo Scarlatti , que los Calero, padre e hijo, tenían en su repertorio fortepianístico. Se completa nuestro proyecto de música para tecla española con otras piezas más vivas, siempre en re menor, de los propios Scarlatti y Soler, que también comenta Roberts en su Quaderno.

Como vemos, pues, además de presentar, de manos del gran clavecinista y fortepianista español Yago Mahúgo, la primera grabación mundial de la transcripción del Fandango de Boccherini para clave solista, realizada por el propio Mahúgo, nuestro proyecto propone no sólo algunas de las piezas favoritas incluidas en el Quaderno de Charles Cecil Roberts (una buena muestra de cómo se percibía la música española para tecla por los extranjeros) sino que en algunos casos ofrece versiones “dobles”, en fortepiano y en clave, de algunas de estas piezas, para que el oyente pueda comprender cómo la aparición del fortepiano en el mundo de transición entre el barroco y el clasicismo afectó a la interpretación de estas obras maestras en cada instrumento: los secretos del fraseo, la articulación, el carácter que cada instrumento permite darle a cada obra. Es, pues, no sólo la oportunidad de encontrar los tres grandes Fandangos de ese tiempo en una sola grabación (y el de Boccherini, insistimos, por primera vez en su transcripción solística), sino también la faceta pedagógica y musicológica que anima nuestro proyecto, los elementos que lo hacen tan destacable. En el caso de los fandangos, ofrecemos sus versiones a clave solo en el CD 1, por un lado, y en el CD 2 contamos con la participación del extraordinario percusionista Pedro Estevan tocando las castañuelas en estas tres obras maestras, que adquieren así una nueva dimensión, todavía más españolizada y castiza, aumentando así su colorido y su fuerza y sugestión. José Carlos Cabello

Artista

  • Yago Mahúgo, clave y fortepiano.

    Clave construido por Keith Hill según un modelo de Taskin, 1769.

    Afinación a 415 Hz. Temperamento: Valotti.

    Fortepiano construido por Keith Hill según un modelo de Anton Walter, 1796.

    Afinación a 423 Hz. Temperamento: Valotti.

    Pedro Estevan, castañuelas.

Información adicional

  • Duración total CD 1: 50:30 – CD 2: 44:40

    Libreto a todo color con notas escritas por José Carlos Cabello.

    Grabación Mirador de la Sierra (Madrid) en enero de 2022

    Sonido, edición digital y masterización Iker Olabe (Phonoclassical)

    Producción musical Yago Mahúgo

    Producción ejecutiva Yago Mahúgo y José Carlos Cabello

    Diseño y coordinación editorial José Carlos Cabello

    Cubierta Pompeo Batoni: retrato de Charles Cecil Roberts en Roma (1778). Museo del Prado (Madrid). Reservados todos los derechos

   
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Soler: Fandango (Fragmento, versión con clave solo)
Scarlatti, K. 32 (versión con fortepiano)
Boccherini: Fandango (Fragmento, versión con clave y castañuelas)
Este CD estará disponible próximamente en la mayor parte de las plataformas habituales, tanto en mp3 como en formatos sin pérdida, y siempre con libreto electrónico completo cuando la plataforma lo ofrezca (Naxos Music Library, emusic, iTunes, Qobuz). Si Vd desea adquirirlo en algún tipo de formato no soportado por las plataformas en las que se vende actualmente, o tiene algún tipo de problema, envíe un mensaje a shop@cantus-records.com y le daremos las instrucciones para conseguirlo de inmediato.